¡Hola lovely people!

Últimamente estoy probando muchas recetas nuevas. Esas que te apetecería comer siempre pero que no pruebas con la excusa de que no tienes tiempo y en realidad es porque te da pereza cambiar tres pasos y cuatro ingredientes de lo que ibas a hacer esa noche, y además con el acojone de que te salga mal.

¿Soy la única en la sala?

Seguramente no.

Pero estoy ampliando mi zona de confort. No sé si será por eso de pasar más tiempo en casa, porque el cuerpo te pide experimentar cosas nuevas para salir de esa rutinilla casera y el paladar es uno de los pocos escapes que quedan o porque estoy teniendo ese momento de evolución y expansión.

El caso es que están saliendo cosas riquísimas y que son tan fáciles de replicar que ni las más torpes pueden estropearlo.

¿Sabes esa sensación de tener una idea en la cabeza y que el resultado salga exactamente como habías imaginado?

Pues (confesión) no me pasó en el primer intento de esta receta para nada. Y no tenía que ver con el sabor sino con la textura.

Hacer unos nuggets implica utilizar pan, huevo, aceite para freírlos y, por supuesto, pollo. Te puedes imaginar que no era mi intención utilizar ninguno de los ingredientes anteriores, y si no te lo imaginabas ya te lo digo. Buscaba la textura crujiente de un nugget por fuera y tierno por dentro y una salsa barbacoa que acompañara, con el toque potente del tomate en su justo grado de acidez, ligeramente picosa y dulce, que haga que se vea caramelizada cuando el nugget la rebaña…

Déjame decirte que la salsa está clavada sin azúcar, ni conservantes, ni acidificantes… En definitiva, con la maravilla que supone haberla hecho en casa.

De los nuggets ya te hablo ahora:

La coliflor sustituía al pollo… Y no. El sabor lo prefiero infinitamente (el de la coliflor), pero tenía capricho de esa textura que es difícil conseguir con un arbolito de coliflor libre de huevo, glúten y fritura.

Pero aceptando estas limitaciones podemos conseguir una receta que no tenga que ver con los nuggets, que no lo pretenda y que no le tenga ninguna envidia. Que sepa a coliflor, que esté crujiente por fuera pero que se deshaga en la boca cuando la muerdes y con esa salsa que te hace salivar de pensarla.

  • Saludable
  • Vegana
  • Fácil
  • Sin glúten
  • Deliciosa
  • La tienes que hacer ya.

Coliflor a la barbacoa

La versión vegana de las "alitas" a la barbacoa
Plato Acompañamiento, Aperitivo, Plato principal
Cocina Americana, Saludable, Vegana
Keyword BBQ, Coliflor, Crujiente, Económica, Horno, Sin gluten, WIngs
Tiempo de preparación 10 minutos
Tiempo de cocción 30 minutos
Raciones 2
Autor Nieves Paniza

Ingredientes

  • 1 unidad Coliflor mediana

Macerado

  • 3 cda tamari o salsa de soja
  • 2 cda harina de garbanzo trigo, arroz o cualquier otra harina que quieras
  • 2 cda harina de maíz le da el toque crujiente, pero puedes sustituírla por cualquier otra que tengas
  • 1/2 cda sal
  • 1/2 cda pimienta
  • 1/2 cda cúrcuma
  • 1 1/2 cda pimentón dulce

Salsa BBQ

  • 2 vasos tomate triturado
  • 1/2 vaso sirope de agave o arce
  • 1/2 vaso azúcar de coco u otro azúcar
  • 3 cda vinagre de manzana
  • 2 cda tamari o salsa de soja
  • 1 cda pimentón dulce
  • 1 cda mostaza en polvo
  • 1 cda ajo en polvo
  • 1/2 cda pimienta molida
  • pizca sal
  • pizca cúrcuma (opcional)

Elaboración paso a paso

  • Comienza con la salsa, fácil.
    Vas a poner todos los ingredientes en una olla a fuego medio-alto hasta que empiece a hervir. En ese momento baja el fuego a un nivel medio-bajo, tapa, deja una pequeña apertura y deja cocinar 30 minutos. Remueve cada 10 para que no se pegue nada y se integren bien los sabores.
  • Mientras la salsa está a lo suyo, lava la coliflor y córtala en arbolitos pequeños (piensa en hacerla del tamaño de un bocado)
  • Ahora haz el macerado poniendo en un bol todos los ingredientes y removiendo bien.
  • Añade la coliflor al macerado y déjala reposar unos 15 minutos.
    Puedes ir encendiendo el horno ahora a 220°C.
  • Mientras le vas dando una movida a la salsa barbacoa, prueba si está quedando bien, rectifica, abre una botella de vino si te apetece, o de kombucha.
    También puedes preparar tu bandeja de horno con papel vegetal.
  • Cuando la coliflor haya macerado y el horno esté listo, esparce la coliflor y cocina 10 minutos a esos 220°C.
    Lo ideal es que la temperatura sea alta para que se dore por fuera, sin llegar a quemarse, y se haga lo justo por dentro, para que no esté demasiado blanda al comerla.
  • Pasados los 10 minutos tendrás la salsa casi lista. Si no está espera un poquito para que quede bien espesa y jugosa.
    Saca la coliflor del horno, dale una vueltecita con cuidado de no romper los arbolitos y añade parte de la salsa barbacoa. Realmente lo que te apetezca, un vaso, medio o toda.
  • Si te sobra salsa puedes dejarla enfriar completamente y guardarla en un bote tapado en la nevera. Te aguantará 7-10 días.
  • Vuelve a cocinar la coliflor con la salsa 10 minutos más a la misma temperatura.
  • Puedes dejarla 5-10 minutos más si la quieres bien hecha por dentro, pero he encontrado que es el tiempo y la temperatura justas.
  • Puedes decorar con semillas de sésamo, ponerle un chorrito de limón y alguna hierba verde picada (perejil o cilantro) o cebollino, por ejemplo.

Et voilà!

Como siempre espero que la pruebes, que te flipe y que acabes haciéndola cada fin de semana dipeando mientras ves algún documental sobre conciencia global… O «The Crown» que también me está gustando mucho últimamente.

Un abrazo verde, verde, súper verde.